Los kikapúes se llaman a sí mismos Kikaapoa, que significa "los que andan por la tierra". Algunos autores lo derivan de ki wika pa wa: "el que está alrededor" o "el que se mueve, aquí o allá".

Habitan en el norte del Estado de Coahuila y en Tamichopa, municipio de Bacerac, en la zona serrana de Sonora (México) y en Oklahoma, Kansas y Texas en Estados Unidos.

La lengua kikapú pertenece a la familia algonkiniana, originaria de las tribus que habitan en el actual territorio de Estados Unidos, y la hablan todos los miembros de esta comunidad. Dicha lengua es de uso exclusivo para comunicarse entre ellos y consideran que no pueden dejar de hablarla porque Kitzihaiata (Dios) se las enseñó. La mayoría de ellos conoce el español y el inglés; no obstante, el español que hablan es deficiente ya que ninguno de ellos ha recibido instrucción.

Todo kikapú debe cumplir con lo que Dios ha mandado. Kitzihaiata escogió a los kikapúes para poblar la tierra, por lo cual deben cumplir con sus mandatos y estar preparados para enfrentar el momento final del mundo, que les permitirá ir con dios a cazar venados de manera permanente. Ser buen kikapú significa cumplir siempre con los ritos de cacería, purificación, año nuevo, fuegos sagrados y bautizos por medio de oraciones, sacrificios y ayunos.

Las celebraciones rituales siempre van acompañadas de carne de venado. El momento culminante de sus oraciones consiste en el consumo de la lengua de este animal, devolviéndolos así a quien se los da, a Kitzihaiata. El venado representa el centro de la vida kikapú; cada venado sacrificado vuelve a nacer. Por esta razón no dejarán de existir y no hay peligro de que se extingan.

El fuego constantemente encendido en el centro de la casa recuerda a los kikapúes que siempre deberán tener encendida la oración a Kitzihaiata. Sobre el fuego sagrado se secan las lenguas y los costillares de venado que se consumirán en las misas y bautizos, en las fiestas de año nuevo y en el regreso a los campamentos de invierno.

 

 

 

 

Las autoridades tradicionales reconocen a un jefe o capitán de la tribu que es, al mismo tiempo, sacerdote. Por diversas circunstancias históricas ahora hay dos jefes o capitanes, que son responsables de la vida civil y religiosa. Ambos dirigen sus celebraciones o ""misas"", bautizan y vigilan el cumplimiento de las ofrendas a su dios.

Se cree que estos jefes tienen los conocimientos sobre su religión, son los justos y los sabios de la comunidad. Los capitanes eligen como consejeros a ancianos reconocidos como personas de honor; fungen como jueces, organizadores de los trabajos colectivos y de la supervisión de intercambio en el trabajo agrícola. Existen otros servidores religiosos que son responsables de los clanes y de sus propias manifestaciones religiosas.

Las autoridades agrarias o comisariado ejidal, subordinadas a las autoridades tradicionales, son las responsables legales ante las autoridades mexicanas de los asuntos relacionados con la tierra, la cacería y el bienestar comunitario.

La producción artesanal actual consiste en la elaboración de ropa tradicional a partir del curtido de pieles de venado y la fabricación de tehuas o mocasines, mitazas o pantalones, ambas adornadas con chaquira. Las mujeres se encargan además de la preparación de la piel del venado para su corte y bordado con chaquira; realizan esta actividad después de las labores domésticas. Son ellas también quienes se encargan de la comercialización de sus productos, deciden si los venden, si los dejan a consignación o los dan a un intermediario.

La caza es la principal actividad de los hombres kikapúes; con ella se abastecen de carne y pieles. La cacería tiene un carácter ritual y se realiza de manera grupal durante todo el año, sobre todo de enero a abril, meses de celebraciones religiosas de año nuevo, bautizos, misas de agradecimiento a Kitzihaiata y como condición propia del ser kikapú.

La agricultura es una actividad secundaria, pues ellos han sido cazadores por excelencia desde hace mucho tiempo. En El Nacimiento existen pequeñas parcelas individuales; siembran trigo, avena, maíz, cebada, frijol y calabaza.

Los kikapúes tienen dos tipos de vivienda: casas indias y casas mexicanas. La vivienda india tradicional se renueva dos veces al año; una es la de invierno (apakvenikane) de forma elíptica, con una estructura de troncos delgados y cubiertos de tule a lo largo, formando grandes tapetes. En el centro se coloca el fuego sagrado. Construyen la casa y se bendice para recibir el año nuevo, y es ahí donde se ofrecen los sacrificios sagrados para reconocer y adorar a Kitzihaiata, y a los nuevos miembros de la tribu. La casa para el verano (utenikane) es de forma rectangular, con paredes de carrizo, techo elíptico de tule, con un anexo al frente. En el interior se encuentran camas de varas delgadas sostenidas por troncos, algunas de las cuales tienen colchones o petates, y al centro se encuentra el fuego sagrado. Construyen esta casa quienes se quedan a cuidar el campamento, así como los que no emigran temporalmente a Estados Unidos.

Las familias unidas religiosamente cooperan en la construcción de la casa. Los hombres recolectan y acarrean los materiales, toda la familia construye la estructura, y las mujeres elaboran los petates o esteras. La casa tradicional funge como templo de un clan dentro de la tribu y en ella se realizan los rituales y ceremonias de toda la vida kikapú. Lo primero que hace una familia al regresar de Estados Unidos es construir su casa de invierno; el regreso a El Nacimiento significa también volver a cumplir las promesas a Dios, y poder hacer lo que él quiere: cazar venados, ofrendar costillares y lenguas, danzar y orar.

La casa mexicana es de concreto y lozas, tiene los servicios de la vida moderna, con instalaciones eléctricas e hidráulicas, mobiliario y enseres domésticos comprados en la Unión Americana.

La propiedad de la vivienda es particular. Ésta se construye de preferencia en los espacios de cada clan. Las viviendas son habitadas por familias encabezadas por el hombre de más edad, su esposa, sus hijos y sus hermanos. Los ancianos vigilan la casa-templo y mantienen siempre encendido el fuego sagrado.