El término pima designa al grupo étnico y lingüístico que habita en la Sierra Madre Occidental, donde colindan el sureste de Sonora y el suroeste de Chihuahua. La frase pi'ma significa ""no hay, ""no existe"", ""no tengo"", o probablemente ""no entiendo"", vocablo con el que los indígenas respondían a los españoles cuando les preguntaban algo. Fueron éstos quienes los llamaron con la forma castellanizada de ese término, que implica negación.

Los pimas se nombran a sí mismos o'ob, que significa ""la gente"", ""el pueblo"". Con el término pima se designa a un conjunto muy variado de sociedades indígenas, como los pimas del desierto, los pimas de la sierra, o los pimas gileños. Esta monografía se refiere a los pimas bajos, quienes ocupan la zona serrana. A este grupo étnico se le designa como la ""rama serrana de los pimas bajos"". A los mestizos o ""blancos"" se les designa con el término yori."

En la época colonial los pimas bajos se dividían en tres subgrupos principales: los ures, los nebomes y los yécoras. Los dos primeros han desaparecido como entidades étnicas. Los pimas yécoras aún conservan rasgos culturales propios y se concentran en la región de Maycoba, Sonora, así como en Yepáchic, Mesa Blanca, Pinos Verdes, los alrededores de Canoachi y el mineral de Dolores, municipio de Madera, en Chihuahua. Su territorio es abrupto y elevado. El área comprende parte de los municipios de Moris, Ocampo, Madera y Temósachic en Chihuahua y porciones de los de Sahuaripa, Arivechi, Rosario, Onavas y casi todo Yécora, en Sonora.

 

 

 

 

 

La lengua pima pertenece al tronco yutoazteca, compuesto por los subgrupos taracahíta (cora-huichol), nahua y la rama pima o pimana. Se considera al pima como más cercano a la rama taracahíta, y se engloba a todas las lenguas indígenas de Sonora y Chihuahua bajo la familia de lenguas sonorenses. El pima forma parte de un conjunto de lenguas emparentadas llamadas pimanas o tepimanas, que bien podrían llamarse lenguas o'dam u o'tham. En la zona de Maycoba es muy alto el índice de bilingüismo, pues la mayoría ya ha aprendido el español.

El cristianismo enseñado por los misioneros tuvo que adaptarse a la lengua y a la mentalidad nativas. Además, los diversos grupos indígenas agregaron a los ritos y ceremonias de los misioneros elementos sustanciales de sus propias estructuras religiosas y rituales, proceso en el que los pimas terminaron por aceptar a San Francisco como su santo patrón. Luego de la expulsión de los jesuitas de las posesiones españolas en 1767, su labor de adoctrinamiento y control fue seguida por los franciscanos. Las dificultades económicas, las rebeliones, la guerra de Independencia y los dilatados periodos de caos y anarquía del siglo XIX impidieron a los nuevos misioneros desarrollar su proyecto evangelizador en las comunidades pimas.

Desde hace varios años una pareja de misioneros del Instituto Lingüístico de Verano trabaja en el área pima. Estos nuevos misioneros realizan su labor de proselitismo evangélico en muchas rancherías pimas y yoris que han aceptado el nuevo credo."

 

 

 

 

Los conflictos entre indígenas y no indígenas, además de otras manifestaciones mucho menos simbólicas, aparecen dramatizados en las celebraciones y fiestas del lugar. Hay diferencias entre las celebraciones del centro ceremonial y las de las rancherías. Entre las del centro ceremonial están la Santa Cruz, la Semana Santa, la fiesta de San Francisco y el día de la virgen de Guadalupe. Las fiestas ""de ranchería"" son rituales agrarios que conmemoran etapas relevantes del ciclo agrícola, como es el yumare, o la fiesta de San Juan Bautista, celebrada con baños rituales conmemorativos de la llegada de las lluvias.

Los altos costos económicos, la dispersión de la gente y el elevado índice de aculturación han mermado el número y la calidad de las celebraciones. Con cierta consistencia, aún persisten las fiestas asociadas a la temporada agrícola, la cual inicia con la fiesta de Semana Santa y termina con la de San Francisco. La Semana Santa reúne a los pimas de la región en los centros ceremoniales y muchos de ellos participan en los rituales de fariseos y judíos para pagar una manda y cumplir con la antigua tradición pima. La celebración de San Francisco es una fiesta típicamente yori, con feria y bailes norteños modernos que atraen tanto a pimas como a yoris y a comerciantes de toda la República.

Para el trabajo agrícola se recurre a la cooperación mutua. Las familias trabajan "a medias", pues todos aportan y se reparten equitativamente el producto de la cosecha, o plantan "juntos": Varios pimas trabajan en el campo de un amigo, cuyo producto pertenece al dueño de la parcela, pero éste tiene la obligación de retribuir con el mismo trabajo a sus compañeros. También practican la caza y la recolección. La distribución de la tierra arable determina la ubicación de sus rancherías.

Las familias nucleares son interdependientes. Las relaciones de parentesco constituyen una red funcional y dinámica de reciprocidades, asociaciones económicas y un soporte ideológico para los valores y normas que rigen la vida social. Este tipo de relaciones ha permitido a los pimas mantener una cierta cohesión étnica ante el conflictivo empuje de los no indígenas. Los hijos varones heredan la tierra, animales e implementos de labranza; las mujeres pasan a formar parte de la familia del esposo y sólo reciben como herencia algunos bienes menores de sus padres. Para el trabajo agrícola se organizan en trabajo ""a medias"" o de ""juntas"".

Los pimas cuentan con una dirigencia político-religiosa formada por un consejo de ancianos que hace de juez en los problemas y conflictos internos de la comunidad; ellos reúnen la experiencia y la sabiduría y comparten la autoridad con una rama ejecutora. Antiguamente había un mó'otkar, o jefe, que fungía como cabeza del gobierno tribal y comunal, pero era una especie de jefatura militar sólo operante en tiempos de guerra, pues no existía una jefatura política que unificara a todos los subgrupos tribales. Aún permanecen reminiscencias de tal estructura militar en los cargos ceremoniales de los grupos rituales que actúan en la Semana Santa.

Tras la introducción de las agencias gubernamentales en la zona pima se reconoce la existencia de un gobernador pima, kováaly, en cada uno de los centros mayores: Maycoba, Yepáchic y Mesa Blanca. El cargo dura hasta seis años según su disponibilidad y la aceptación que tenga el ocupante; la elección se realiza por votación en una asamblea comunitaria. Además del gobernador existen siete autoridades, el segundo gobernador o suplente, el comisario del ejido, el tesorero, el jefe de vigilancia o segundo, el juez de campo y su segundo. El gobernador es el intermediario entre el grupo y las instancias externas de la comunidad. Los cuerpos de autoridad tradicional fungen como un servicio civil que regula los conflictos y delitos menores suscitados en las rancherías. Los delitos y asuntos de mayor envergadura, así como los de límites de tierras y obtención de créditos para la producción, quedan en manos de las autoridades municipales y ejidales. En el gobierno municipal y en el comisariado ejidal los yoris controlan el poder, situación que priva a los pimas de mayores oportunidades de obtener beneficios y justicia."